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Escuché la palabra y sonreí.

La magia se puede conseguir con un embrujo, un hechizo, o sencillamente sonriendo.

En ocasiones es tan sencillo llegar que basta mirar al cielo y ver como una gota de luz se disfraza de colores.

La magia escucha y sienta; es como el agua que siempre busca su antiguo cauce, su camino. Ella se ofrece a quienes quieran verla, alejados y alegada de la prisa y las urgencias.

Yo amo lo que vuela, y sabe detenerse cuando el agua y el grano invitan. Cuando la piel pide abrigo.

La magia que habita, y habitaba en la voz, un buen día se convirtió en un beso.

Madrid, barrio de lacoma

Virginia Garrosa

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